Gracias a la información proporcionada por un tractorista que participó
en el secreto de lo que había pasado con los restos del Che, en Noviembre
de 1995 mostró, en el más absoluto sigilo, el lugar donde
había cavado la fosa donde lo enterraron. Se desorientó un
poco pero señaló un lugar de la Vieja Pista de Vallegrande,
que si no era el exacto estaba muy próximo.
Acto seguido, un equipo argentino de geofísica y de antropología
empezó a investigar la zona aledaña al cementerio y abrió
por lo menos cuatro fosas profundas en la Vieja Pista de Vallegrande. No
hubo resultado alguno. En 1996, el equipo argentino dejó Vallegrande.
Quedaron los científicos de Cuba, quienes decidieron cambiar de estrategia
y no abrir más fosas. Recolectaron toda la documentación posible
sobre lo que pasó el 11 de Octubre de 1967. Luego arribó un
tercer grupo de cubanos a Vallegrande. Empezaron una sacrificada labor de
cuadricular la pista, pasando cifras y datos a la computadora que trabajaba
hasta las 4 de la mañana.
Los trabajos se paralizaron entre Abril y Mayo de 1997, debido a una ordenanza
municipal que declaraba patrimonio histórico de Vallegrande, lugares
y restos de la guerrilla. Luego la normalidad volvió y los científicos
pudieron seguir trabajando.
El sábado 28 de Junio, la excavadora abrió una novena zanja,
recogió algo que llamó la atención de los científicos.
- ¡Lo encontramos!- fue el jubiloso grito del médico forense
Jorge Gonzáles, cuando la máquina extrajo un pedazo del cráneo,
algunos dientes, un húmero y otros restos óseos de las entrañas
de la tierra.
La fosa recien excavada, alcanzó una profundidad de 1 metro 95 centímetros,
por ocho metros de longitud y casi seis de ancho. En total habían
7 esqueletos en una fosa común, que bien podrían ser de otros
guerrilleros de Ñancahuazú.
El esqueleto que más llamó la atención, es el que estaba
acostado de bruces, cuyo cráneo y columna vertebral se dibujaban
claramente bajo la tela o un saco de color verde intenso.
El Sábado 5 de Julio alrededor de las 23 horas, se procedió
a la exhumación del último esqueleto que fue precisamente
el de la tela verde. Fue un momento solemne. Los cubanos, al quitar la chamarra,
voltear el esqueleto, ver el cráneo, la cara, sus características,
los rastros de bala en los huesos y otros indicios, no pudieron contener
el impacto. El cráneo, con un poco de imaginación, recuperaba
sus músculos, su piel, sus ojos ligeramente azules, su cabellera
castaña, su sonrisa. ¡El Che!.
Inmediatamense se empezaron a cargar las urnas y se produjo el traslado
hacia Santa Cruz. A las 4 de la mañana del Domingo 6 de Julio, las
siete urnas fueron descargadas en el Hospital Japonés.Y días
después se confirmó que el esqueleto #2 pertenecía
a Ernesto Guevara de la Serna.
"Enfoques" (Clovis Díaz
Oropeza) Bolivia-Julio de 1997