Está
ahí silencioso,
acechando
en todas las esquinas oscuras o claras,
en
cada reloj de cuerda o arena,
en
esa soledad infinita de sentirse acompañado,
en
cada pensamiento que pensamos pensar,
en
este vacío pleno y total,
en
cada letra que escribo
y
que ya se robó un pedazo de eternidad.