Paisaje Humano
Alejandro
Marat
Estoy seguro
que en el Parque "El Arenal"
los domingos nunca te veré, nunca
Porque las tardes del Domingo en el Arenal
son como una despedida
como un martillazo
en la zona más azul
del corazón.
Atados a las sombras de la tarde
seres con aspectos de furia
y destinos errantes
todos los domingos
llenan sus horas
de pequeñas alegrías
y dulces ilusiones pasajeras.
Hay cojos con bastones de plumas
Predicadores internacionales
Enanos vendedores de boletos de circo
Ciegos de nocturna mirada
Troskistas vociferando
contra el imperialismo
Hay fotógrafos que te hacen subir
a tu hijito en un caballito de madera
para la foto del albúm.
También abundan los sacasuertes
esos que te dicen "Usted tiene mal de ojo"
camine siempre hacia la izquierda
y no haga caso a las malas señales.
Los bancos siempres están ocupados
las tardes del domingo en el Arenal
por parejitas que se abrazan
vergonzosamente
y madres solteras que hacen el papel
de niñas solitarias y románticas.
Un hombre con gafas oscuras
constantemente extiende su mano
mientras exhibe en su pecho
un cartel que dice: "soy sordo y ciego"
"Cuide su silueta
Pésese por un boliviano"
De pronto, un vendedor de refrescos
parece llegar del cielo.
Y la muchedumbre se amontona
como moscas en el lodo
Ah! todos beben en la calurosa
tarde del domingo.
Los niños de narices sucias
El evangelista de camisa blanca
Los coléricos troskistas
Los acróbatas y las cholitas
Los vendedores de globos y bolitas
y hasta una mujer gorda
vestida de guardia municipal.
Al otro lado de la plaza
un joven de sombrero negro
con un enorme cuchillo
comienza a cortar zanahorias
en pequeñas rodajas
logrando que el público curioso
se acerque a ver su magistral producto
mientras que un vagabundo
con cara de boxeador derrotado
y aspecto taciturno
ensimismado en su soledad
contempla severamente a los gansos
que chapotean felices en el agua.
Y los humildes enamorados
pasean tomados de la mano
como si fuera la última tarde de amor
como si buscara permanecer ocultos
mas allá de la medianoche
con la intimidad de las palmeras
y los astros
Un niño
con una fuente de empanadas
arrodillado
frente a las sucias aguas del parque
hace mas amarga la tarde de domingo
en el Arenal.
Poeta da clase a
domicilio
Alejandro
Marat
Fuí profesor
de un hombre
que quería ser Alcalde
de aspecto saludable
colorado como un ají
ojos aguarapados
y voluntariosos
igual que un toro
Cañero por vocación
medio inteligente
rápido de pensamiento
pero lento con las palabras.
Como recién se iniciaba
en la arena política
mirándolo fijamente
le aconsejé.
Su primer arma será la oratoria
Y comencé a enseñarle frases famosas
Prometo construir un puente
donde no haya un rio -
Solo tengo sangre, sudor y lagrimas -
Poblar es gobernar -
El pueblo unido jamás será vencido -
Esta la descarté por ser
un emblema izquierdista
El futuro candidato
Estaba atado de pies y manos
No hablaba, sino tartamudeaba
No conocía a Demóstenes
ni a Napoleón ni Aristóteles
para colmo era petiso
engreido y parador
de este individuo
tenía que formar
un excelente orador.
Nunca fui maestro de nadie
Confucio murió hace siglos
Dar clase a domicilio
no tiene nada de malo
Yo quiero el bien para todos
Una vez por semana
Yo le enseñaba a mi candidato
como tararear las consonantes
seducir con el pensamiento
y ser un brillante demagogo.
Al llegar a su casa
me conducía hacia el patio
Y allí comenzaba la lección
Relájese, concéntrese -
No abra demasiado los brazos -
Mire al público cuando habla -
Imagínese que está ante
un auditorio importante -
Que su palabra penetre
seduzca y encante,
pero este señor cañero
era mas duro que un
jubilado amnéstico
Pero la paciencia hace al maestro
como dice el dicho
y poco a poco se fue animando
No todo era malo y rutinario
Habían días en que mi candidato
levantaba vuelo
Quería estallar en palabras
Se hinchaba todo de rojo
y le temblaban las manos
Pero al rato se desinflaba
como una llanta de camióm
Nunca logré comprender
porque le costaba tanto pronuciar y gesticular
Yo para ayudarlo
Le transmitía mi ánimo triunfal
Y le decía a tono
de consuelo:
"Alguna vez los sabios también fueron ignorantes"
Pero eran mis palabras
duras piedras para
su cabeza centaura
Por fín llego el día de su proclamación
El futuro Alcalde
tenía que rendir
su primer examen
con un discurso penetrable
con puntos y prosa intachable
La población lo aclamaba
Yo estaba entre el pueblo
mirándolo en silencio
Un poco orgulloso
pues lo miraba
como un maestro a un niño.
¡Que terrible fué mi sorpresa!
cuando salió en escena
Queridos compañeros -
Queridos compañeras -
Y de allí no avanzab
En ese momento
se puso a llorar
y lanzó un extenso
agradecimiento a su madre
al partido y a su compadre
y el discurso concluyó
en cualquier disparate.
En ese momento pensé
Tal vez no cumplí
con mi parte
y en algo fallé
al enseñarle
Pero el público
fue comprensivo
También los dirigentes
del partido
Nunca más volví a ver
aquel individuo
Juré nunca más dar clase a
domicilio
Y aquí me tienen haciendo
gimnasia en mi biblioteca. |