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Romance Aymara Que exhala tu obscura tez! Como una flor se consume Mi beso en tu obscura tez. Qué tibio imán invencible Envuelve tu obscura tez? -Una víbora invisible Virtió su magia en tu tez! Las aves si oyen tu voz. Dulce envenenado anhelo, La muerte fluye en tu voz. ¿Qué caricia aborrecible Rompe en cristales tu voz? -Una víbora invisible Canta ardorosa en tu voz! Amor tu cadera enarca Y vierte su fiebre en ti! Como en mecedora barca Mi afán apareja en ti! ¿Qué sortilejo terrible Sacude tu cuerpo así? -Una víbora invisible Baila enloquecida en ti! |
La luz seráfica, Y la línea orográfica Se ensalma pítica. Mas capta el monte Agatas y amatistas Del horizonte. |
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Rimo pedestre, Y aun va su alma silvestre De rancho en rancho. La pampa extática Del mate y la vihuela Oyó la plática! |
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De flauta pánica. En la estepa oceánica Cantó su ciencia. Hoy el amauta Mudeció como inútil Pánica flauta! |
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Ojo de lince, Y en luzbélico esguince Se hurto a los nodos! Conflagró abismos, Y habita, salamandra, Sus cataclismos! |
Es aun más propia. Si muerto, aún más acopia Su vida extinta. Todo lo irisa Externo rictus trágico De su sonrisa! |
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umbal, aun queda Su lírico jadeo Y contoneo. Todo está en todo. Cifró la raza toda Un aire, un modo! |
Y el aire giro. Pasan leves suspiros Y sombras parvas. Así al destino Canta el último huayño El cierzo andino! |
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Se orló de blanco Y auguró en cada flanco Su nombre futuro. Mas no despinta Ningún blancor su espléndida Sangre retinta! |
Del Ande innata, Su tinte en que el sol brinca Consagra al Inca. Toda doncella De fiera sangre india Renace en ella! |
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Tente en ti mismo! Sólo harta el propio abismo, No el exotérico! Con alma toda Opón el canto eterno Al canto en moda! |
A él se rinde Bajo el azul sin linde La tierra madre. Como a su centro Va a él la raza porque Lo lleva dentro! |
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Surget Brillará un sol, y entonce |
Conticinio Tanto silencio oía (De: Scherzos, 1932) |
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(Fragmentos) Tus rosas le dirán cómo le quieres, Cómo le adoro yo mis azucenas. Su genio torvo se desvía a veces. Los ojos negros ni los ojos zarcos retienen su mirada cuando intrusa La Musa demonial se lo arrebata. A veces siento el odio de los dioses! Demasiado alto están los Uraniones Para que esta mujer sueñe emularlos Mientras su genio audaz lo diviniza Se siente más deshombre, aunque sublime. Cuando el aliento creador le agita Y ebrio de un vino etéreo ardes por dentro, ¿No sientes cuán distante está el amado? Sus ojos vagan sobre formas úberas Que no son mías, y sus manos palpan Contornos invisibles y distantes. En vano junto a él late este pecho Que incendió de su amor sin yo pedirlo. Cuando el cincel le tienta, en vano estamos Con el alma de hinojos a su lado. ¿Acaso nos conoce ya? Sonámbulo! Somos menos que sombras que no se siente Ni compadece. Al tacto de la Musa Le presiento distante, casi muerto Para nosotras, para mí, su amada! Vive tan lejos que en la tierra pasa Con el alma colgada de una estrella. Doris, estás celosa de esa estrella. Yo más humilde a un tiempo esclava amante Le amo como es, presente y fugitivo. Al hombre amo, y también amo su genio, Implícito traidor de luz y gloria. Y cuando me hinca el corazon su olvido Como espina letal que el hado aguza, Bebo inulta mis lágrimas inútiles Y la sangre fatal de mi abandono. Su genio es todo y lo consuela todo! No comparto mi amor ni con la Musa, Ni rival sufro más que sea diosa. ¿Qué arriesgo en el envite con los Dioses? La vida! Que la tomen si la quieren! No sabes, Doris, lo que dices triste. ¿Conoces la agonía del artista Al instante fatal que inspira y crea? Fluye su genio como sangre vivída De vientre maternal que alumbra a gritos. No hay dolor igual. De las tinieblas Se arrancan formas cual girones mútilos De alma. Y esas tinieblas desgarradas Son el artista mismo. A sus criaturas Si da un contorno, de su carne talla, Y si un gesto, es la mueca de su pena Transfigurada en luz. Cada sonrisa Que en barro admira el vulgo cuesta lágrimas Ocultas, y si es Niobe estupefacta La desesperación en Paros fulgido, El creador desesperó al crearla! La obra de belleza es para siempre! Tu ignoras, Doris, su misterio abstruso. Porque la gracia misma eres, lo ignoras. Dame esa mano, viva obra maestra. Toca la palma rosa y tez de raso. Los dedos leves como cañas músicas Que Pan ahusa en su siringa mágica. La vena azul cual viborilla lépida, La muñeca infantil, y el gesto equívoco Que hubo de ser de ala, y es de Doris. Cuánta gracia y tras ella cuánta fuerza! Ya dijo Apolo: "gracia es flor de fuerza". "El inmortal no anida en seco aljibe Ni fuera de la vida absurdo vive". En solo un beso de tus labios másculos Hay más eternidad que en tus muñecos: De qué supervivencias hablas fatuo? Porque en arcilla fútil labras gestos De extrañas fiebres y de ignotas ansias, Se sueña virga hermética tu espátula? Se sueña tu cincel un caduceo Que almas despierta o las aduerme en sueños! La creación de veras late y vive En leche y sangre, en hálitos y frémitos, Ni hay sobrevida si el amor no crea! Tus títeres de piedra son juguetes Junto al crear de la natura eterna. Tal como el sol, como la primavera, El hombre sobrevive uno y diverso, Y en dos alas que son Amor y Muerte Tramonta siglos. Tú eres, ciego Scopas, Y en milenios, si menos necio engendras, Tú mismo vivirás népote a népote. No hay más supervivencia eternos cielos! (De: Scopas, 1939) |
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