|
El problema de la elitización
del conocimiento
¿Es posible la educación pública sin el
comercio informal de libros?
Erick Fajardo Pozo(*)
peradiva@aol.com
Nelson Nogales estudia en la
universidad pública, tiene 24 años y cursa el séptimo
semestre de Sociología. Casi concluye el curso y tiene
que proveerse de la bibliografía que ha postergado adquirir
todo el periodo para rendir finales. Entra cauto y pregunta en
la Yachay Wasi el costo de La Distinción y Las Reglas
del Arte de Pierre Bourdieu, pero lo hace sólo como referencia,
para saber por una vez cómo lucía el texto original,
porque para proveerse de ellos Nelson habrá de recurrir
a las estrategias de la subalternidad universitaria latinoamericana.
Nelson estudia una quincena con 280 Bs. Paga dos bolivianos de
transporte, tres de alimentación y cuatro o cinco de fotocopias
diariamente. Ambos volúmenes originales cuestan 300 Bs.
y una edición "pirata" cuesta 50, pero ni así
le alcanza y decide fotocopiarlos.
Nelson va a pedir prestados los libros a Ever Vélez, uno
de 20 estudiantes de su carrera que podrían adquirir un
original de Bourdieu. Nelson y otros 400 estudiantes de sociología
viven otra realidad.
Estrategias educativas de los
universitarios del quinto circuito
Todo el sistema de educación estatal - en continua masificación
- y su correlato en el ámbito superior, la universidad
pública, serían inviables sin el auxilio de una
pujante actividad comercial informal, que incluye a la literatura.
La gratuidad de la enseñanza pública posibilita
que contingentes de estudiantes de clase media accedan libremente
a la educación superior, pero incide también en
crear necesidades de consumo literario a personas cuyo poder
adquisitivo está por debajo del costo en librerías
de un volumen original.
El comercio de literatura se ha convertido en otra estrategia
del mercado informal para generar recursos y es una de dos alternativas
para que los estudiantes de la universidad pública puedan
acceder a textos cuyos originales tienen costos privativos. La
otra alternativa es la copia fotostática (parcial o total)
de los originales, que representa el mismo costo que una reproducción
independiente pero con la ventaja de permitir una copia inmediata
e in situ del texto en cuestión.
La educación pública
y el mercado informal de libros en Cochabamba
En Cochabamba la universidad pública ha generado entorno
suyo un complejo subsistema económico, basado en la comercialización
de servicios y productos, entre los que la venta de material
bibliográfico es la actividad más importante después
de la comida "al paso" y junto con las salas de alquiler
de Internet.
Actualmente existen 30 fotocopiadoras en predios universitarios
y 100 más alrededor del campus central de San Simón,
además cerca de treinta casetas expenden versiones independientes
de textos académicos y literarios.
La compra de reproducciones independientes o de copias fotostáticas
parciales de obras originales es una estrategia económica
más para un estudiantado que debe transportarse con diez
bolivianos, alimentarse satisfactoriamente con 30 y disponer
de 25 semanales para proveerse del material bibliográfico
imprescindible para su formación.
Una "encomendera" política
del conocimiento de las elites regionales
Según Nelson Nogales, "pretender restringir la venta
de libros no originales es igual que cuando se pretendió
cobrar por el software original que antes se regalaba con las
computadoras, sería privativo".
Dado su enorme poder transformador del orden de las cosas, el
conocimiento siempre ha representado la amenaza más subversiva
para sociedades como la nuestra, cuyo precario balance se basa
en mantener vigente el orden social y económico.
Quizá por esto los sectores más reaccionarios del
quehacer literario e intelectual se han empeñado en una
abierta campaña por la "reafirmación de los
derechos de autor y la protección de la propiedad intelectual",
expresiones que, por sus connotaciones para la educación
pública deben interpretarse en sencillo castellano como
"cruzada por la re elitización del conocimiento en
Latinoamérica".
En una entrevista hecha por el matutino Opinión, Ingrid
Guttentag, heredera del mítico súbdito alemán
editor de libros, calificó de "narcotráfico
de la cultura" a la reproducción no autorizada de
libros. Sin embargo parece inexplicable que una editora haya
olvidado que el libro sólo es posible si hay quien lo
lea y mientras los gobiernos en Latinoamérica se empeñan
en políticas de alfabetización, las elites parecen
empeñadas en distanciar más y más al libro
de la capacidad adquisitiva de las mayorías.
Según escribe Rodrigo Méndez Mendizabal, abogado
de la firma Apoyo, en su columna de la Revista OH: "los
derechos de propiedad intelectual permiten al creador o titular
del derecho de autor, beneficiarse del producto de su obra y
proteger su obra intelectual de su aprovechamiento o explotación
no autorizada".
Pero si la legislación vigente ha decidido omitir el precepto
de que el conocimiento es un bien público, la academia
debe recordarle que los bienes públicos no pueden ser
enajenados para benefició de particulares y que las obras
literarias no son objetos surgidos de la nada, sino el producto
de la acumulación histórica y la transferencia
generacional del conocimiento. Ergo, propiedad intelectual y
beneficio particular son conceptos mutuamente excluyentes.
El sistema mundial de patentes
y su efecto en la educación pública
El matutino paceño El Diario publicó recientemente
que "las transnacionales estarían apoyando el sistema
mundial de patentes para proteger su producción en desmedro
de los países en vías de desarrollo", en alusión
a que los acuerdos de propiedad intelectual que pretenden reglar
el comercio a todo nivel, son una amenaza para países
como Bolivia.
Al parecer las economías transnacionales han decidido
"legislar" internacionalmente y de forma unilateral,
las condiciones del comercio de todos los bienes pasibles de
propiedad intelectual en el continente. A la luz de esta nueva
y creativa forma de intentar asfixiar a las economías
del tercer mundo, el papel secundador de nuestras elites reafirma
esa histórica actitud suya de medrar ante las potencias
y enajenar de la propiedad pública los bienes comunes
"a cambio de un porcentaje".
Como en muchos otros casos jurídicos, la legislación
de derechos de propiedad intelectual parece estar pensada para
sociedades y estados declaradamente neoliberales, que generan
empleos y que provén de condiciones económicas
mínimas a sus habitantes para que tengan la posibilidad
de pagar derechos de autor y para que sus (casas) editoras tengan
la moral de demandar tales derechos sin remordimiento.
Si esta nueva perpetración de las potencias económicas
tuviese éxito, un 40% de nuestros estudiantes universitarios
tendrían que decidir entre mantener sus estrategias de
adquisición de libros, ahora declaradas ilegales, o dejar
de estudiar, engrosar el cinturón de desempleo y vivir
con la dudosa "honra" de haber actuado dentro la legalidad
de unas minorías que habrían enajenado, en beneficio
propio, el único ámbito realmente público
que le queda a Bolivia: La educación.
(*) El autor es periodista de La Voz y (a veces) escribe para
Punto Final de Cochabamba y La Patria de Oruro. |