TRAZOS Revista Literaria

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POESIAS

El adiós con mayúsculas. Pedro Bermejo

Tenerte cerca. Pedro Bermejo

Tormenta en la pampa de Mojos. Juan Villar Dégano

Viento en el campo de San Javier. Juan Villar Dégano

Serranía de Chochís y Portón. Juan Villar Dégano

Soledad de piedra. Ronald Ribera

Silencio Condicionado. Ruth Bruno

Luna de Mayo. Ruth Bruno

El adiós con mayúsculas

Un día me fui despacio
zamarra al hombro
cayado en mano.
Miré la sombra
que yacía en mis zapatos.
Limpié el macuto
mi frente, mis ojos...
adelanté el paso
el pulso y la gayata.
Miré al ocaso.
El fuego purificó la pena
el remordimiento
y la conciencia.
Fantasmas de humo
danzaban a mi lado.
Atrás dejé la fogata
mis ropas, mi estado
la luna, la plata
y el rumor de mi arrullo.
Un día me fui despacio.
Olvidé mi nombre
mi casa, tu espalda.
Apagué la luz azul de tu mirada
y caminé en silencio
por las ruinas
que tu nombre me dejaba.
Cayado en mano
zamarra al hombro
y el corazón, nada.
La prisa, el olvido
dos lágrimas...
nada.
Un día me fui despacio.
Y caminé en silencio;
porque el silencio
me acompañaba.

Pedro Bermejo


 Tenerte cerca

Si no te tuviera
las manos me estallarían.
Como profundos abismos abisales
los ojos se me cerrarían.

Si no te tuviera.

Si no te tuviera
la sangre, galopando por mis venas
con tus venas fugitivas
en mi alma se ungirían.

Si no te tuviera
con furia, con infinita rabia contenida
rompería mis cadenas
mi pasado y mis fronteras.

Si no te tuviera.

Si no te tuviera, amor:
te inventaría.

Pedro Bermejo

 Tormenta en la pampa de Mojos

Una ausencia solar domina el hato
y el cielo despeñándose en cascadas
destruye con su fuerza las aradas
que esperan en su piel un mejor trato.
Un viento electrizante acosa el mato
enredando las formas descarnadas
de lianas, arbustos y enramadas
que entrechocan sus troncos a rebato.
Estrangulados caños en la sierra
inician su viaje destructivo
que llegan hasta la hacienda, invade y cierra
el sombrío jardín, solo y cautivo.
Pasa la tromba y lleva con su tierra
la ofrenda violeta de un tajibo.

Juan Villar Dégano

 Viento en el campo de San Javier

Tiemblan los pajonales con recelo
presintiendo el delirio de la tierra
y una espiral azul de polvo en celo
alza su cono gris, trompa de guerra,
invertido volcán que toca el cielo,
anillo caminante que se cierra
en un espeso y arenoso velo
y desafía el pecho de la sierra.
Un fantasmal arbusto desquiciado
eleva su ramaje enloquecido
acosado de impulsos siderales;
traspasa raudo el llano desolado
y expande su mensaje embravecido
hacia los cuatro puntos cardinales.

Juan Villar Dégano

 Serranía de Chochís y Portón

Los grandes costillares descarnados
levantan su osamenta verdinegra,
son restos de gigantes ancestrales
coronados de arbustos y de piedra.
Farallones de sombra encadenados
proyectan sus paredes en la sierra.
Escudos de guerreros inmortales
que ocultan sus penachos en la niebla.
Un escuadrón de dioses ofendidos
contempla ensimismado tanta afrenta.
Ruedan bosques de troncos ofendidos
y los viejos heraldos de la guerra
afilan sus espadas pedernales
velando las heridas de la tierra.

Juan Villar Dégano

 Soledad de piedra

Aquí no se admite el hechizo ni la magia.
Aquí sólo se permite la soledad de las piedras
donde se resbalan juguetonas las sombras
trayendo su primer miedo.
Aquí no hay ríos verticales ni existe la destreza del bejuco
no se consagra la música ni se oyen las campanas
llamando al primer rezo.
Aquí sólo hay un estancamiento de pesares.
Un sol en su estado más obstinado del calor.
Una terquedad de precipicios en los recodos.
Aquí sólo está la doctrina sufrida de la carne
renovándose abusivamente en el gimnasio lúgubre de la noche.

Ronald Ribera


 Silencio Condicionado

No quiero herir tus huellas
con mi silencio condicionado;
mis extremidades como bálsamo serán
en tu soledad postrera.

Fuiste y serás antagónico amanecer
en mis recuerdos húmedos y sombríos
y el futuro acojedor de una mirada
silente, de aquel pretérito abril.

Cubrirán nuestras almas sedas volantes
impregnadas con fragancias de magnolias
y en ese instante ya no seremos dos:
tan sólo ceniza enamorada
que vuela tras el ave del olvido.

Ruth Bruno

 Luna de Mayo

Humedad insalubre de tus pasos
agobiados. Donde la estela de un futuro
impreciso te asombra, te aniquila.
Allí donde un día tu ilusión feneció.

Fueron grandes tus dones
tus alegrías y tus fracasos
escondidos en las pupilas
infranqueables de tu destino:
mas no presiento tu ausencia.

Guiado por la falsa soledad de la impostura
te comparto con el brillo de la luna de mayo
que nos alumbra pero es fría en su lejanía.
No te sientas vencido: anularemos con poesía
y sueños las cadenas de este fatigoso instante.

Ruth Bruno

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