Misiones de Bolivia

Obras Históricas de Evangelización

La aventura de la colonización de América no fue emprendida exclusivamente por visionarios navegantes, hombres de armas y aventureros. En ella también participaron sacerdotes de distintas órdenes religiosas, quienes llevaron a cabo una misión evangelizadora que muchos comparan con la realizada por los apóstoles. Entre las avanzadas de dichas órdenes se destacaron las misiones, proyectos realizados por la Compañia de Jesús, que dejaron una huella trascendental en la historia de Bolivia.

Si se analizan las fechas históricas de la colonización de América, podría pensarse que la Compañía de Jesús, ese grupo de soldados de la cruz fundado por San Ignacio de Loyola, llegó tarde al nuevo mundo. Pero comparando esas mismas fechas, se puede apreciar que en marzo de 1540, seis meses después de que fuera aprobada formalmente por el Papa Pablo III, ya el santo superior de la compañia estaba enviando a Francisco Javier a fundar misiones y a evangelizar en otras tierras, dejando bien claros su intención y espíritu misioneros.
En 1604, Paraguay fue designada por el Papa como provincia donde debía desarrollarse el trabajo de los jesuitas. El territorio abarcaba un área inmensa que incluía lo que actualmente ocupan en los mapas las naciones de Argentina, Chile, Uruguay, Bolivia, algunas regiones del Brasil y Paraguay, donde se fundaron las misiones (conocidas como reducciones), con una estructura y organización político-económica interna basada en agricultura, ganadería, industria (tejidos, cueros, etc) y comercio de los bienes obtenidos mediante el trabajo.
Lo particular de las misiones es el hecho de que, aparte del fomento de agricultura y ganadería, los jesuitas impulsaron, dando el ejemplo con sus propias actividades, las artes y los oficios, enseñando a los pobladores de diversas comarcas y estimulando sus capacidades. A mediados del siglo XVII ya existían artesanos de todas las especialidades en cada una de ellas: herreros, carpinteros, tejedores, plateros, escultores, decoradores, torneros y relojeros e, incluso en muchos pueblos, grabadores, impresores, fundidores de campanas y constructores de instrumentos musicales.
Con la formación de tales habilidades, las misiones se transformaron en emporios de arquitectura, pintura, escultura, música, tipografía y otras artes. La obra civilizadora, con el aspecto negativo de que los indígenas tuvieron que renunciar a sus creencias en favor del catolicismo, dominados, no por la espada de los encomenderos, sino por "la espada de la palabra", dio sus frutos.

Los jesuitas que fundaron y llevaron adelante las misiones no partieron de un punto cero cultural. Aun aquellos que no estaban formados profesionalmente como artistas crecieron en el contexto de la cultura barroca, e imbuidos de su diversidad y gloria. Por supuesto, las construcciones religiosas fueron los lugares donde más se volcó la inspiración jesuítica. La diversidad de nacionalidades de los religiosos sirvió de fuente para cánones estéticos, por lo que, si bien todas las reducciones responden a un modelo determinado, la imaginería desplegada en la decoración de los templos y la orientación artística en general es un rasgo distintivo de cada lugar. En las iglesias y colegios se dio rienda suelta a la imaginación, alimentada en las diferentes casas de oración europea que se adaptaron al nuevo contexto americano. Y aquí ocurrió el verdadero milagro, porque se combinó la riqueza y abundancia del barroquismo con la originalidad y la pureza del arte autóctono, la cosmovisión del Viejo Mundo con la de los indígenas, la seriedad de los santos venerados en las catedrales de Europa con la sencillez de los ídolos, los monstruos medievales con la fauna americana, la profusión decorativa de los mármoles italianos con la piedra volcánica y las maderas de la selva virgen.

En lo que hoy conforma el territorio boliviano, especialmente en las regiones de Chiquitos y Moxos, los jesuitas establecieron su misiones a fines del siglo XVII. Luego de la fundación de la Misión de San Francisco Javier por el padre José de Arce en 1691, se construyeron, en un proceso ininterrumpido, la de San Rafael, fundada por los padres Zea y Herbas en 1696; la de San José, inaugurada por el padre Felipe Suárez en 1698; la de San Juan Bautista, en 1699; la de Concepción en 1709; la de San Miguel, fundada también por el padre Suárez en 1721, y la de San Ignacio de Zamucos, fundada en 1724 y abandonada en 1745. Con posterioridad se fundaron las de San Ignacio (1748); Santiago (1754); Santa Ana (1755) y Santo Corazón (1760).
En cuanto a cánones arquitectónicos y de distribución espacial, la Misión de San Javier sentó las bases para un estilo de organización en una especie de estructura modular, con una amplia plaza en torno a la cual se concentraban la iglesia, el cementerio, escuelas, talleres y viviendas. Ese esquema fue repetido, con sus consecuentes variaciones, en los demás centros jesuitas.
Su iglesia de tres naves tiene un techo de madera simple, a dos aguas, sostenido por columnas salomónicas de madera labrada, y horcones en las naves laterales, lo que logra un sistema estructural en madera que casi se independiza de los muros.

Como la piedra local no pudo llenar las expectativas requeridas en una construcción barroca, la madera, el yeso y la decoración manual sustituyeron a los complicados ornamentos originales. La imposibilidad del labrado en piedra se satisface con la imaginería de revoques falseados y ondulaciones del pincel que recubren el espacio simulando volutas, cenefas y caracolas.
Los detalles pintados revisten también los arcos, allí donde es necesario un elemento que contribuya a la mayor suntuosidad de la decoración, así como los frontones de los altares, las portadas y las columnas talladas en cuchi, una de las maderas más resistentes y duras del mundo.
De cuchi están hechos también los pilares de sostén, muestras de la habilidad manual e imaginación de los artesanos indígenas.

Los interiores de la iglesia son sobrios, sencillos como los exteriores, pintados en amarillo fuerte como color base y toda una gama de ocres, rojos y negros combinados en todo tipo de diseños que nos recuerdan, en su simbiosis de estilos de sorprendente e inconsciente similitud, ciertas etapas del arte egipcio y la arquitectura de los templos hindúes y tibetanos.
A la tenacidad del trabajo de talla y desbaste se sumó, posteriormente, el de la ornamentación, en una efectiva mezcla de la estética barroca española y la cosmovisión e imaginería aborígenes.
San Javier y el resto de las construcciones religiosas de la región, declaradas por la UNESCO "Patrimonio de la Humanidad", nos dan una tónica de natural sencillez. Sus curvas y ligamentos barrocos se combinan con la pureza de la madera de los montes y el barro de las tejas que cobijan las techumbres rematadas por modestos campanarios. Sus líneas y colores se integran sorprendentemente a la extensión de los verdes sin fin.
El resultado fue grandioso, no sólo en las construcciones religiosas, sino en todo el arte que generaron: retablos, estatuas, imágenes, platería, instrumentos y obras musicales. En 1767, la Compañia de Jesús fue expulsada de España y sus colonias, lo cual marcó la decadencia y destrucción de la mayoría de sus misiones.
Pero todavía, a 231 años de distancia, sus ruinas, sus esculturas e imágenes esparcidas por los museos, conservan el misterio y el encanto de un singular proceso materializado en estas obras históricas de evangelización que desafían el tiempo.

CHIQUITANIA

Bajo el nombre genérico de Chiquitanía se engloban las provincias de Ñuflo de Chavez, Velasco y Chiquitos. En ésta maravillosa región -antes de la llegada de los colonizadores-prosperaron varias tribus selvícolas que fueron catequizadas por los misioneros de la Compañía de Jesús, levantándose poblaciones "españolas" en medio de una densa foresta. Los jesuítas enseñaron a los aborígenes la técnica del trabajo en madera; pero los nativos no sólo aprendieron sino que enriquecieron el arte de su manejo. Así sucesivamente, se construyeron los hermosos templos de San Javier, Concepción, San Ignacio de Velasco, Santa Ana, San Miguel y San Rafael.

En el flanco sur se irguió uno de los pocos templos hechos con piedra de toda la zona, en la población de San José.

En la reunión de la UNESCO realizada en Banff -Canadá- en Diciembre de 1990, declararon "Patrimonio Cultural de la Humanidad" a las Misiones Jesuíticas de Chiquitos: San Javier, Concepción, San Rafael, San Miguel, San José y Santa Ana.


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